viernes 30 de diciembre de 2011

Away we go

Zeozer izatekotan, urte zoro bat izan da. 
Luzea eta oso motza, berria, zoragarria, arraroa, gorabeheratsua, alaia. 
Atzerritarra, etxekoa. Bidaiatzen emandakoa. Bai mapan, bai buruan zein barnean.
Aurrera jotzen jarraitzen dugu. Gorago: gogor, gogoz.


Barneko energiek gidatzen jarrai nazaten baino ez diot eskatzen urte berriari.
Zorionak, baditu gure motxilak esperientziaz beteriko 365 egun gehiago oroimenerako.

sábado 12 de noviembre de 2011

Corazón y Airbag


La RAE define la palabra "bonito" como "Lindo, agraciado de cierta proporción y belleza."
Pero yo vi la esencia. Sentí y conocí LO bonito y, desde luego, va mucho más allá que lo que esa triste definición intenta transmitir. Es dificil de explicar, no se puede de hecho. Es algo que se siente. La energia dentro de mi.
Y luego están las personas que conocen el secreto. Las personas que tienen la esencia, las personas que SON la esencia. Hay muy pocas. Es maravilloso saber. O creer que se sabe algo.


BIZITZAKO GAUZARIK ONENAK HITZEZ AZALDU EZIN DIRENAK DIRA.




miércoles 2 de noviembre de 2011

Podemos imaginarlo todo



Las posibilidades son infinitas. Horas de lucidez en manos de locos. Claridad absoluta en mentes confusas.
Me puedo imaginar miles de situaciones, vidas diferentes, universos siniestros pero puede que reales. ¿Y si vivimos en una realidad que no es la nuestra? ¿Y si el mundo tal y como lo conocemos no es sino un mero producto de nuestra imaginación? O una interpretación personal de un mundo que nos venden desde que nacemos. La idea me aterra y me encanta en partes iguales. Porque digo yo, si puedo fantasear con ello, si puedo verlo en mi mente...¿será que quizás existe en un nivel de consciencia superior al nuestro? Piénsalo.
Podemos imaginarlo todo, absolutamente todo. Jugar con las ideas, con la gravedad y con las leyes científicas. Y puede, solo puede, que a alguien, en algún lugar, en algún momento, se le hayan ocurrido las mismas cosas, que haya fantaseado con lo mismo, haya llegado a la misma conclusión...¿casualidad? Puede que sí, es posible.
Sin embargo, tarde o temprano, acabamos volviendo al mismo punto de partida y lo único que nos queda es esto: pensar que el mundo en el que creemos vivir es el de verdad y que las posibilidades son sólo eso, lo que el propio nombre indica.
Tres años después llego a la misma conclusión: qué jodidamente pequeños somos. Pero esta vez caigo en que las personas pequeñas pueden hacer, y de hecho hacen, cosas muy grandes que sin duda transcienden de alguna manera las cuatro paredes de realidad objetiva en la que nos vemos obligados a vivir.



viernes 7 de octubre de 2011

Sin caminante no hay camino.

Aristóteles decía que los límites de la responsabilidad humana se limitaban a las consecuencias de las propias acciones. Dicho de otro modo, ninguno de nosotros sería responsable de ningún acto llevado a cabo únicamente en la imaginación. Pensándolo así, tiene sentido. No podemos condenar a alguien por asesinato por haberlo planeado sólo en su mente durante unos breves instantes de rabia y odio contenido o juzgar severamente los pensamientos inmorales que a más de uno y más de dos se nos han pasado ocasionalmente por la cabeza. (Aunque en este caso el no poder es relativo... pero no nos desviemos del tema).


Sin embargo, se plantea aquí una nueva incógnita. ¿Realmente estamos exentos de tal responsabilidad? Llegados a este punto, me atrevo a decir que no, no lo estamos. No soy ni la primera ni la última, por supuesto, siglos de trabajo filosófico y religioso permiten que yo hoy sea partidaria de esta no tan nueva idea. La responsabilidad en ningún caso se limita únicamente a nuestras acciones. Al margen del dicho popular de "querer es poder", cabe mencionar que incluso el deseo de lograr cosas imposibles tiene un efecto más que considerable en nosotros y en nuestras vidas. Esos pensamientos son el motor de todo cambio. Cambios intangibles, invisibles, que, sin embargo, nos mueven por dentro y nos hacen plantearnos lo que podríamos llegar a ser. Sólo llego a una conclusión: nada es en vano, todo sirve de algo. Cada pequeño acto imaginativo, del que somos responsables en cierta medida, genera unas consecuencias de las cuales no tendremos consciencia absoluta hasta el final de nuestros días. Cuando nuestros caminos ya estén escritos.

sábado 24 de septiembre de 2011

Es cuando no te lo esperas que las cosas ocurren. Y digo cosas cuando en realidad estoy intentando decir momentos. Momentos, cosas, ocasiones, oportunidades, puertas que se abren y se cierran, personas, instantes, circustancias...que más da. La famosa (¿o debo decir dichosa?) Ley de Murphy actúa cuando menos te lo esperas.
Me escondo en el otro lado, en el fondo del cajón. Y además he echado la llave. Dos vueltas, por si con una no bastara. Por lo pronto, ya he sacado mi cabeza del cascarón, que no es poco. Y, por supuesto, quedan un montón de cosas por tachar de mi lista. Que no cunda el pánico. Las ganas aprietan, pero no tengo prisa. Como siempre, el tiempo dirá, aunque no sé si esta vez el tiempo recolocará a cada cual en su lugar.



Quiero aprender a nadar. Pese a que nadie me sujete en los primeros intentos ni me ayude a mover los brazos.
3, 2, 1...
Comenzamos.

viernes 9 de septiembre de 2011

The what-ifs and might-have-beens


22:32. Me pregunto donde está. Otros días a esta hora ya lleva varios minutos sentada en la mesa junto a la ventana. Siento la ansiedad y el nerviosismo crecer en mi interior.

22:41. Tic-tac. Tic-tac. Quizás se haya ido. Quizás se haya marchado para siempre. Recuerdo la primera vez que la vi hace ya dieciseis noches. Desde entonces ha venido a diario excepto hoy. Recuerdo el suave taconeo que hizo que levantara mis ojos y los dirigiera hacia la entrada. Ahí estaba ella. Maravillosa. Un sencillo vestido negro por encima de las rodillas, un colgante escueto con una piedra turquesa reposando sobre sus hermosos pechos. El pelo, castaño claro, aclarado por los rallos del sol seguramente, suelto, cayendo sereno sobre sus hombros bronceados. En los brazos sólo un reloj plateado contrastando con el bello color de su tersa piel y la sobriedad de unas manos de largos y finos dedos carentes de cualquier adorno a excepción de la laca de uñas roja. Pero, sobretodo, y fue esto lo que nublo mi juicio y sentido común desde el principio, aquella sonrisa serena cuando se acerco a la barra mirándome directamente a los ojos. Ni demasiado grande, ni demasiado pequeña. Natural, real.
De este modo nos aventuramos (o más bien yo lo hize, pues ella en ningún momento se puso ni mínimamente tensa o nerviosa, tan segura de si misma y tan conocedora de ese encanto y esa belleza tan suya que paseaba sobre aquellas sandalias marrones de tacón alto y finas tiras rodeando sus empeines de ensueño) en la conversación fría y rutinaria que se repetiría durante las siguientes quince noches y que yo recordaría y reviviría una y otra vez hasta la noche siguiente mientras contaba cada minuto que me faltaba para volver a verla. "¿Qué desea tomar, señorita?"

22:55. La esperanza se desvanece poco a poco y el impulso automático y continuo que hace que mire la puerta cada tres segundos comienza a apagarse al mismo tiempo.

23:20. No va a venir. Es el fin.

02:00. Hora de cerrar. No ha aparecido. Es posible que ya nunca vuelva a verla. Es posible que se haya cansado de este estúpido juego. Me maldigo en silencio. Maldigo mi cobardía y la falta de valor. Comienzo a imaginar aquello que desearía que hubiera sido, pudo haber sido y no fue.